La extranjera

Brotaste de Oriente,
luminosa, titánica, verdadera,
y me hallé acogido en tu seno,
en la fugaz penumbra
de un pestañeo.
Llegaste extranjera,
ajena a mis saludos,
a las danzas
y a las masas planas de maíz.
Y así te fuiste,
arrebatándole las diástoles
a mi pedrusco corazón,
erosionado por la brisa
marina de tu mirada.
Te fuiste extranjera
y me recordaste que
el tiempo es una concertina
que musicaliza el sufrimiento
cuando su fuelle estira,
venganza esta la de Kronos
por hacerlo preso del reloj.
Partiste extranjera
y quizá deba recordarte
que no hay bandera
que te blinde el pecho,
ni frontera que limite esto que siento.






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